Emprendo desde los 20. Tuve subidas enormes y caídas que me dejaron en cero. De todas aprendí algo.
Esta es mi historia, a grandes rasgos.
Empecé casi de casualidad, con un préstamo de mi mamá y muchas ganas. Lo que iba a ser algo de una temporada terminó siendo mi primera marca.
Abrí mi primer local. Diseñaba colecciones exclusivas y teñía el encaje yo misma, así que cada temporada tenía colores que nadie más tenía. Mientras estudiaba Comunicación Social, probaba todo lo que aprendía en mi propia marca. Llegué a más de 20.000 seguidoras.
Me escribían para pedirme consejos para sus redes y sus negocios. Abrí otra cuenta para compartir lo que iba aprendiendo, sin pensar en la plata. Así nació Marketing con Ludmi.
Crecí rápido y quise abarcar demasiado: varios proyectos, sociedades y negocios al mismo tiempo. Algunos salieron muy bien. Otros me dejaron en cero, y no una sola vez.
Hubo decisiones que hoy no volvería a tomar, y un costo que no fue solo plata.
Salir del pozo sin un peso, ordenar todo y volver a crecer. Lo hice, y cada vez aprendí a levantarme un poco más rápido.
Como dice mi papá: no es retroceder, es tomar envión.
Co-dirijo FIERA, una agencia de marketing, y estoy al frente de un negocio familiar del rubro cafetero junto a mi papá.
Y volví a la raíz de Marketing con Ludmi: sentarme con alguien y mirar su negocio completo, que es lo que más me gusta hacer.
Poder hacer algo no significa tener que hacerlo.
Las deudas de tu negocio no son tus deudas.Vos sos una persona, tu negocio es tu negocio.
Fracasar es no intentar.
Cuando te lo proponés, podés.Lo comprobé más de una vez.
Me caí más de una vez. Cada caída me enseñó algo que hoy uso todos los días.